“SI CERRÁIS EL BOSQUE, SERÁ EL FIN DEL MUNDO PARA LOS BAKAS

Artículo de Gabriella Rutherford, 8 de marzo de 2019. Apareció publicado en Intercontinentalcry.

ATENCIÓN – Actualización octubre de 2020 – Golpe a la industria de la conservación: las crueldades llevan a EE.UU. a suspender la financiación a WWF y WCS

 

La densa selva de Messok Dja alberga a los bakas desde tiempos inmemoriales. Sin embargo, ahora les cierran el acceso a la misma para crear un nuevo parque nacional. Pese a que el parque no se ha establecido formalmente, los bakas están siendo expulsados de sus hogares y privados de su sustento vital de recursos forestales, con resultados devastadores.

Desde hace casi una década, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) viene colaborando con el Gobierno congoleño con el propósito de crear el Parque Nacional de Messok Dja, con ayuda de organismos que financian el proyecto, como la Comisión Europea (CE), el Fish and Wildlife Service (USFWS) de Estados Unidos, el Fondo Mundial para el Medio Ambiente (FMAM) y otras entidades como el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Durante este periodo, guardaparques financiados por WWF han patrullado activamente la zona. Los bakas, que se oponen frontalmente al parque nacional, han denunciado a los guardaparques, a quienes acusan de cometer actos de violencia y discriminación y torturas.

Una mujer baka ha contado cómo “lo único que quieren los guardianes es matarnos. Una vez fui a ir pescar en la represa y volví con algunos peces para cocinarlos en paquetitos hechos con hojas y comerlos con mi marido y los niños. Vuelvo con el recipiente que contiene el pescado y lo pongo en el suelo. Y como si nada, los guardianes me agarran y bam, bam, bam. Sin motivo. Yo no les provoqué, no les debo nada. Simplemente me pegaron y ni siquiera sé con qué fin.”

Otro hombre reportó que “sufrimos estas terribles palizas aquí por nada. Si nos ven, se limitan a pegarnos con sus machetes. Bam, bam, bam [golpes en tu cuerpo].”

En 2011, guardaparques que operan en la zona estuvieron implicados en una cadena de sucesos que causaron la muerte de una niña de diez años, Christine Mayi.

Ante esta persecución, muchos bakas se ha retirado de los bosques para establecerse en campamentos junto a las carreteras. Ya les están forzando a abandonar su ancestral tradición del “molongo”, que consiste en penetrar en lo más profundo de la selva durante periodos prolongados para cazar y recolectar. Ahora esto es imposible, como ha explicado una mujer baka:

¿Cómo puedo ir al bosque?… Me limito a moverme en círculos por aquí. En esta época del año recolecto mangos silvestres, [pero] ahora permanezco cerca de la carretera. Simplemente recolecto los mangos que están cerca de aquí… ese es su bosque, se han apoderado de él.

Confrontados con un modo de vida que les es ajeno, fuera de la selva, los bakas se exponen a la posibilidad muy real de escasez de alimentos. “Vivimos del bosque de Lipolo: mangos silvestres, pescado, carne, miel y ñames, todo…, pero ahora esto está vedado y solo nos queda sufrir. No sabemos cómo vamos a vivir.”

La desnutrición asociada a la conservación entre los pueblos tribales en el Congo ya es un problema bien documentado. En 2017, una organización congoleña se lamentó de que la conservación había contribuido a la muerte de varias docenas de niños y niñas bayakas durante una epidemia en 2016. Un experto en medicina atribuyó las muertes a la malaria, la neumonía y la disentería, agravadas por una desnutrición grave.

Aquí estamos sufriendo. No sabemos cómo podremos sobrevivir. No hay ningún lugar en el que podamos vivir. Es como si todos los valores que tenemos hubieran desaparecido.

Y por supuesto, cuando alguien de los bakas enferma, no pueden ir al bosque a recolectar las plantas medicinales que necesitan.

Para empeorar todavía más las cosas, las comunidades bakas nunca han dado su consentimiento a la creación del parque nacional. Un jefe local baka explica: “No podemos aprobarlo. Todo está ahí: comida, vida, salud, todo viene del bosque. Si abandonáramos el bosque, estaríamos sacrificando la vida de nuestros hijos, de nuestros padres, nuestras propias vidas. Es como si alguien cometiera suicidio.”

Los bakas persisten en su oposición al proyecto. La selva no solo es crucial para su supervivencia, sino que se sitúa en el centro de su sentido de comunidad y su identidad. La vida fuera de ella es, simplemente, inconcebible para ellos.

Nosotros, los bakas, no somos como esa gente que se asienta en el poblado. Somos gente del bosque… Nuestra vida, nuestro futuro está fuera, en el bosque. Para nosotros y nuestros hijos. Conozco el bosque como la palma de la mano. Cada raíz, cada árbol.

Muchas comunidades bakas han escrito cartas de queja firmadas y han pedido a Survival International que las hagan llegar a las entidades que financian el parque proyectado. Una de estas cartas dice así: “Si se establece el parque en nuestra selva, será muy grave. En vez de colaborar con nosotros, los guardianes del parque nos han hecho sufrir tanto: nos golpean, nos azotan con sus cinturones. Si esto sigue así, ¿cómo vivirán nuestros hijos? Nos dicen que de acuerdo con el Derecho Internacional, antes de poner en marcha un proyecto en nuestra selva han de solicitar nuestro consentimiento. Así que le pedimos que venga, nos escuche y vea cómo sufrimos, y se asegure de que se respeta la legalidad.”

Los bakas interpretan correctamente cuáles son sus derechos legales: el Derecho Internacional establece, en efecto, que es preciso obtener el consentimiento libre, previo e informado (FPIC) de las comunidades locales para los proyectos importantes que se pretendan llevar a cabo en sus tierras. Sin su consentimiento, el Parque Nacional de Messok Dja es ilegal.

A pesar de ello, WWF sigue adelante con sus planes para Messok Dja y el proyecto no ha dejado de recibir el apoyo de la CE y del USFWS, importantes donantes. Ninguno de estos organismos que financian al gigante conservacionista hace ademán de bloquear los millones de dólares que han comprometido para el proyecto.

Los bakas, que son excelentes conservacionistas por derecho propio, insisten en que esto debe cambiar y reprochan a quienes financian el proyecto su falta de responsabilidad financiera: “Queremos que quienes financian el parque actúen. Jamás hemos visto a una persona blanca venir a comprobar qué se hace con su dinero.”

Pese al notable volumen de pruebas de las terribles violaciones de los derechos humanos cometidas contra los bakas, WWF ha rechazado hasta ahora cualquier acusación de saltarse la ley. Un tuit reciente dice: “¡Como si WWF amparara el abuso sistemático de las comunidades locales! ¡Es de locos!”

Queremos que quienes financian el parque actúen. Jamás hemos visto a una persona blanca venir a comprobar qué se hace con su dinero.

En un artículo escrito el año pasado, un coordinador de WWF señaló cómo su equipo de guardaparques en el norte del Congo contaba con “pleno apoyo de WWF, por lo que está bien controlado y equipado”. Acto seguido alabó al equipo por sus esfuerzos por estabilizar el número de elefantes que viven en la región.

La organización conservacionista insiste en que “se toma en serio las alegaciones”. Sin embargo, no ha contestado a ninguna de las quejas de las comunidades presentadas a través de su mecanismo de reclamaciones en julio del año pasado con respecto al proyecto de Messok Dja.

La organización afirma que su propósito es responder a las quejas en el plazo de dos semanas.

La Comisión Europea ha defendido su implicación en la iniciativa conservacionista indicando que Messok Dja “deberá contribuir a la mejora de las condiciones de vida de las comunidades de alrededor del parque y al mismo tiempo cumplir los objetivos de conservación”.

En noviembre de 2018 se informó al USFWS de la situación que afrontan los bakas en Messok Dja. Survival International no tiene constancia de ninguna reacción.

El caso del Parque Nacional de Messok Dja y la suerte de la tribu baka no son únicos, ni mucho menos. Survival International ya “ha denunciado ampliamente abusos de los derechos humanos relacionados con la conservación en la cuenca del Congo, en África, e India; es realmente un problema global.  

La organización de defensa de los derechos de los pueblos indígenas afirma que han sido expulsadas de sus tierras hasta 14 millones de personas en todo el mundo en nombre de la conservación. Un estudio calculado incluso que la cifra puede llegar a sumar hasta 136 millones de personas. Tan solo en India, una reciente sentencia del Tribunal Supremo señalaba que alrededor de 8 millones de habitantes tribales y otras comunidades que viven en el bosque podrían ser expulsados de sus hogares por las presiones de grupos conservacionistas.

Está claro que no podemos pasar por alto la amplitud y la gravedad de los problemas asociados al conservacionismo a que se enfrentan los pueblos indígenas y tribales en todo el mundo. Survival International dice que los bakas afrontan ahora “una amenaza existencial como tribu de cazadores-recolectores” debido a la iniciativa de conservación de Messok Dja.

Sin embargo, hay motivos para el optimismo.

La campaña de Survival sobre la conservación sigue cobrando impulso y con un informe condenatorio de las prácticas del WWF en materia de derechos humanos, publicado esta semana por la plataforma de noticias Buzzfeed, WWF, y la industria de la conservación en general, se ven sometidas a fuertes presiones para que cambien radicalmente sus modos de operar y respeten los derechos de los pueblos indígenas.